Y vuelve a pasar, mi habitación patas arriba, yo llorando en un rincón, el espejo roto y mis nudillos con sangre. Ese momento que estás tan enfadada que tu mente se ofusca y olvidas todas las consecuencias de tus actos, olvidas a todo el mundo, olvidas hasta el motivo del enfado. Ese momento en que cuando miras al espejo solo ves defectos y a un cristal que se ríe de ti mostrándote la verdad, haciendo que te odies a más no poder, haciendo que te de asco mirarte. Las lágrimas resbalan por tu mejilla dejando que veas lo débil que eres, más tarde, recuerdas que la gente te dice cosas buenas. Pero es un intento inútil de ocultar la verdad, están ciegos, no te ven como realmente eres y eso te enfada y frustra cada vez más. Esas lágrimas de debilidad se vuelven en puñetazos contra el espejo, puñetazos llenos de impotencia, como si un cristal roto hiciera desaparecer lo que tú eres. No te basta con el espejo, quieres acabar con todo lo que te caracteriza, sigues con tus papeles del escritorio, llenos de textos deprimentes que nunca nadie leerá porque has cogido el mechero y les has prendido fuego. Después te deshaces de tus peluches, con las tijeras los destripas a todos intentando saciar tu rabia. Sin éxito, coges la cuchilla e intentas incrustarla contra tu piel, pero te es imposible, sabes que eres demasiado cobarde como para hacerlo y te odias aún más por ese acto. Sí, eso es lo que ha pasado, he terminado en un rincón de la habitación llorando que es la forma más simple y ridícula de sacar todo mi enfado fuera, sin importarme nada. La mano debería dolerme pero es tanto la rabia que tengo que a mi cabeza solo le duelen mis pensamientos. Mi cuerpo es como si estuviera inerte, ni siente ni padece, ahora mismo podrían apedrearme y solo sentiría el tacto de las rocas contra mi piel, nunca un dolor físico superaría a mi tortura psicológica diaria, nunca.
Dalia.

Si de verdad, ningún dolor físico pudiera superar a tu tortura psicológica, no dudarías en cortarte las venas en lugar de romper espejos a puñetazos.
ResponderEliminarPero, ¡por favor!, no lo hagas. Hay algo en tí, maravilloso que, no entiendo el motivo, por el que tú, no lo ves.
No es ira; es una lucecita que se enciende y alumbra tu supuesta tortura, en cada una de tus frases.
Tranquilo, solo es un texto que escribí en verano, a veces me siento así pero nunca he llegado a nada ni creo que llegue.
EliminarGracias de todas formas :)