Ahí estaba, sentada a su lado, mirando como cada gota de sangre iba abandonando su cuerpo por un enorme agujero que tenía a la altura del pecho. Era la primera vez que lo miraba y no sentía nada, y de repente una sonrisa traviesa se le dibujó en la cara al recordar cómo había sucedido todo. Ella le mandó un mensaje para verse, y él, tonto, pensó que iba en serio y acudió a la cita. ¿Cómo pudo ser tan estúpido? Nunca volvería con él, todo el amor que le tenía había desaparecido y él se lo había buscado. Ella solo lo citó para recuperar lo que era suyo. Así que cuando lo vio, volvió a observar el brillo en los ojos que solía tener ella cuando lo miraba, pero esta vez no sintió nada, ni amor, ni dolor, NADA. Le vendó los ojos y lo condujo a través de un viejo laberinto de arbustos que había a las afueras de la ciudad. Le quitó la venda, quería mirarlo a los ojos mientras lo hacía, y sacó un cuchillo de su mochila. De repente lo vio a él caerse al suelo con los ojos abiertos mirándola. Después del flashback, se levantó, limpió el cuchillo y dejó una nota que decía: solo he cogido lo que siempre ha sido mío ¿No?
Al día siguiente anunciaban en las noticias que se había hallado a un joven sin corazón.
Dalia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario