Los susurros de motor como melodía, el retrovisor mostrándome de donde vengo, él conduciéndome a nuestro futuro y delante la ciudad en que voy a empezar de cero. El sol protegiéndonos la espalda, me quito las gafas de sol moradas, saco una mano por la ventana del descapotable y hecho un vistazo al pequeño espejo que sobresale del coche. Veo un camino que nunca más volveré a deshacer, una senda llena de mis errores, dejándolos atrás. Veo todo mi pasado en forma de película, llamándome, suplicándome que nunca olvide quien he sido, pidiéndome otra oportunidad. Me he cambiado el nombre. Si esto va a ser un comienzo, quiero hacerlo bien por una vez. Lo miro, me miro. Me sonríe y hace que cada segundo que pasa me sienta más segura de mi decisión. Al contrario que otros intentos fallidos de huir, este saldrá bien. Lo presiento, no huyo sola, tengo a alguien a mi lado que ha apostado por mí y no pienso defraudarlo. Aumenta la velocidad e intento cerrar los ojos pero el paisaje es tan hermoso que me lo impide. A la izquierda, está el mar y dos o tres pescadores con su eterna paciencia que tanto admiro; a la derecha, montaña sin vegetación y; delante, una ciudad llena de edificios repletos de gente con sueños cumplidos. Es el sitio perfecto para hacer todo lo que había planeado, es la oportunidad que necesitaba para despegarme del pasado. Pongo la radio, la suerte está de mi lado y suena ‘California’ así que, vamos a hacer caso a la canción y… CALIFORNIA HERE WE COME!
Dalia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario