Ella no había nacido para ser princesa y todos lo sabían.
'Levanta, princesita' le decía su madre todas las mañanas cuando era pequeña, pero ella nunca se sintió como tal.
'Hoy es tu día, pareces una princesa' le susurró su madre en su décimo-sexto cumpleaños.
Ella le sonrió levemente intentando no mostrar su pesar. ¿Princesa? ¿Por qué princesa? No entendía por qué todas querían ser princesas, ella era más de ensuciarse con una buena pelea de barro, de comer la hamburguesa con dos manos, de beber directamente de la botella, de despertarse y hacerse una coleta para sujetar su revoltoso pelo, de salvar al príncipe (o a sí misma) antes que esperar a ser salvada, ella era más de república.





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