pd.Soy muy cutre poniendo títulos, os habréis percatado.
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Aquí estoy, con mi mejor vestido, corriendo sin saber a dónde ni por qué. Solo quiero huir, irme, ser como una palabra en el diccionario sin definición, como una brisa del aire que ha olvidado ir con el huracán, como un rayo de luna que no alumbra ninguna parte. Sigo corriendo, aunque ya me he tropezado dos o tres veces, no puedo pararme, es como una necesidad, se me cae el mundo encima, parece que lo hayan metido en una lavadora y se esté encogiendo, me asfixio. Es extraño, porque no soy claustrofóbica. Me he vuelto a caer y me he hecho sangre en la rodilla, los árboles me dan vueltas, parece que se me vayan a echar encima y me levanto de forma autómata para seguir corriendo. La verdad es que nunca había atravesado este bosque, ni sabía que tenía un río al lado, no obstante tengo el presentimiento de que al final hay una salida, siempre la hay. No creo que falte mucho, los rayos de luna se cuelan entre las espesas hojas que mi mano herida intenta apartar. Ya queda poco, ya veo la extensa explanada verde al lado del río, por fin he llegado. Una sonrisa se dibuja en mi cara mientras voy frenando y finalmente me dejo caer cara arriba mientras exhalo todo el aire que se me ha olvidado coger cuando corría. Es lo que necesitaba, no existir, estar sola, pensar… Sí, pensar, ya sé que no es lo mío pero por una vez me gustaría saber qué hacer, cómo recuperar la vida a la que estaba acostumbrada. ¿Sabes? Yo era una adicta a las redes sociales, al ocio, a salir, a estar con amigos, a Internet y a todo lo que fuera tecnología, pero desde hace un mes, sí, un mes exacto, todo eso me da igual. Mi iPhone está roto por una intencionada caída, mis perfiles están borrados y tengo constantes ataques de ansiedad. Lo único que me calma es pensar que algún día recuperaré las riendas de mi vida, nadie decidirá por mí y todo lo que haga será solo pensando en mi felicidad. Vaya, se ha puesto a llover. Me encanta notar como las gotas frías acarician mi piel hasta que se deshacen, me encanta oír los pequeños golpes de las gotas al llegar al suelo. Cierro los ojos y extiendo las manos acariciando la hierba, de repente noto los crujidos del pisar de alguien. Cada vez está más cerca aunque la oscuridad no me permite verle, distingo su silueta y empiezo a levantarme, aunque me duele la rodilla intento correr para no cruzarme con él, porque si lo hago y le dejo hablar, sé que volveré a hacerlo y romperé mi promesa por cuarta vez. Demasiado tarde, noto su mano en mi hombro y automáticamente me giro, su mirada se dirige a mi rodilla y en vez de cogerme la mano, que era su intención, me coge en brazos y me lleva por unas escaleras que están al final del valle hasta lo alto de un precipicio. Este chico ha sido tan importante en mi vida que se merece una presentación; él es Álex y durante tres años ha sido a la persona que más he querido en mi vida, hace un mes lo dejé porque me falló, confié en él y me dejó caer a un vacío del cual aún no he salido, esa noche me odié a mí misma por no poder odiarlo. Durante este mes lo único que se me ha pasado por la cabeza ha sido ir a su casa y perdonarlo, pero el orgullo no me deja. Álex me solía definir como alguien positiva, que creía en sus sueños y a veces, un poco ilusa. Me encantaría ser fuerte y haber perdido mi confianza en él, pero no es así, sigo locamente enamorada de él y si ahora mismo me dijera que lo dejara todo por él, lo haría. Tengo un problema.
- Salta.
- ¿Qué? No puedo.
- ¿Por qué?
- Me mataré –le dije mientras me acercaba al borde del precipicio y miraba hacia abajo.
- Vaya, creía que eras diferente, me has decepcionado, creía que te conocía…
-Pero ¿por qué dices eso? Yo nunca te he dicho que me gustaría saltar por un precipicio.
- Ya pero siempre has dicho que todo es posible, que si crees que puedes lo haces, que sigues creyendo en la magia, que vas a hacer realidad tus sueños, que la imaginación lo podía todo. Y ahora te digo que saltes y me dices que te matarás. ¿Qué pasa, no confías en mí?
- Aunque no mereces que lo haga, no es eso, simplemente tengo miedo, así que dime cómo hago para no tenerlo.
- Muy fácil, cierra los ojos, piensa en nada y en todo a la vez, tranquila, estoy contigo.
Entonces nos lanzamos al vacío, sentí sus manos agarrándome por la cintura y de repente me sentí libre, una libertad que nunca antes había experimentado. Empezamos a caer cada vez más acelerados y sin querer abrí los ojos, en ese momento supe que no estábamos cayendo, al contrario, estábamos flotando por la nada mientras la lluvia se fundía en nuestra piel, notábamos la ropa mojada, y descubrí que no me importaba, que donde había miedo y terror, ahora había felicidad. Me he dado cuenta que he vuelto a entrar en su juego, que sin decir nada le había confesado todo lo que sentía, me había rendido. Solo por una vez, por esta vez, quería ser fuerte, quería que mi orgullo no me dejara tirada, solo por esta vez. Aunque solo por esta vez, tengo las cosas claras, sé lo que quiero, a él y no voy a echar tres años de mi vida, los mejores, a la basura por un fallo. Acabo de asimilar lo egoísta que estoy siendo, pero me da igual, lo necesito para ser feliz, para volver a ser yo. Puede que sea lo mejor de mi vida, mi príncipe azul, o puede que sea el que me ofrece la manzana envenenada, nunca lo sabré y no me importa.
El paseo había terminado, y cuando él iba a decir algo, me incorporé de la cama de un salto. Miré a mi alrededor y reconocí las paredes de mi habitación, también me percaté de que llevaba puesto el pijama y por supuesto, de que no estaba.
-Vaya, solo ha sido un sueño, el mejor.
Fui a levantarme para hacerme un vaso de leche cuando noté el dolor que me hacía la rodilla, me arremangué el pantalón y tal fue mi alegría cuando vi la cicatriz, que me puse a reír yo sola.
-Veo que te encuentras mejor, me has preocupado –me dijo mientras entraba por la puerta y encendía la luz. Entonces lo vi. Había reconocido la habitación, pero no era la mía, vi que el pijama me venía grande y tenía su olor, miré a la ventana y estaba agachada, también noté la falta de relojes, como siempre le había gustado para olvidar las horas y minutos, decía que sin luz ni relojes perdías la cuenta del tiempo, y tenía razón.
Ya sé lo que ha pasado, me he desmayado aunque no sé por qué. Él también parece confuso, se sienta a mi lado sin saber muy bien qué hacer o decir. Nos miramos, en sus ojos azules puedo leer la palabra perdón escrita en mil idiomas y decide empezar él:
-Está bien, ¿volvemos a empezar?
-No, pero sí podemos continuar.
Dalia.

¡¡¡Genial!!!
ResponderEliminarTienes alma de escritora y, un gran rio caudaloso, de imaginación sin límites.
Consigues estar, desaparecer con la luz y los relojes, y volver a aparecer, triunfadora, como en el más increíble truco de magia, al lado de tu princepe azul sin manzana envenenada; sino con la palabra "perdón" en su boca, por su pequeño desliz y, unos ojos azul cielo que enamoran.
Me ha encantado leerte. Eres asombrosa.
Es que todos tus comentarios me hacen sonreir y me dejan sin palabras, en serio. Muchas gracias :)
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