Estabaconfusa, sentada en un banco medio roto esperando a un tren que nunca llegaría,¿se había parado el tiempo? Hacía mucho viento y odiaba que siempre se lesoltara de la coleta ese mismo mechón pelirrojo, se deshizo la cola y se hizouna trenza, pero todo esto con la mirada hacia un punto del horizonte que solopodía ver ella. Estaba triste, nerviosa, confusa… No sabía cómo se sentía,nunca se había sentido así, su cuerpo temblaba del frío, sus zapatos estabanmojados por culpa de un charco, y en su mochila solo había metido sus cascos.¿De qué huía? No tenía motivos para hacerlo, simplemente se sentía culpable porno pensar como los demás, por ser diferente, no sabía lo que había pasado parallegar a ese punto, no quería irse, bueno sí, pero no tenía adonde. ¿Qué hacíaallí? De repente, como si fuera un robot, se levantó, cogió la mochila y al darmedia vuelta oyó la deliciosa melodía de las ruedas de un tren frenando. Segiró y vio a un hombre con un gracioso bigote:
-¿Subes?
-¿Dóndeva este tren?
-Lejos deaquí -esas eran las palabras que ella necesitaba oír para terminar de tomar ladecisión.
-Entoncessubo.
En aquelmomento supo que algo en su interior había cambiado y que subirse a ese trensuponía alejarse de la sociedad que la había marginado durante 17 años, ahoraera ella la que iba a marginar a la sociedad.
Dalia.

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